Se me olvidó silbar.

Se me olvidó silbar.
Morir, dormir... ¿dormir?Tal vez soñar.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Chapter 1.

Durante los últimos cuatro meses he sabido lo que es realmente el miedo, he vivido con la angustia y el sufrimiento de la perdida, con el dolor y la amargura que han pintado mis días de un tenue y apagado gris.
La sensación de ahogo y de inestabilidad, las lágrimas contenidas, el pánico que surgen en unos segundos y que te cambian la vida para siempre, los gritos de dolor, la penumbra, la muerte… son cosas que han quedado marcadas en mi historia, en esta historia.



Hola, me llamo Adriana, hace un año que soy reportera, podría decir que vivo mi trabajo con una gran intensidad, terminé la carrera aquí, en los Ángeles y al poco tiempo me contrataron en una prestigiosa cadena local. Comparto piso con dos compañeros de trabajo Mark y Bárbara, una simpática pareja que pasan los sábados a base de películas y un buen cuenco de palomitas, pero como suele decirse las viejas costumbres nunca mueren y mi cultivado origen español los condujo a las interminables fiestas en los barrios más cotizados de esta deslumbrante ciudad, teniendo que desplazar sus planes a las aburridas tardes de domingo en las que, conseguir un buen plan sería cosa de pura magia.

Viernes por la mañana. El ruido del despertador sonó en cada rincón de aquel pequeño apartamento, saqué perezosamente  el brazo de las suaves y arrugadas sábanas, aquel molesto ruido me pareció que sonaba más fuerte que otras mañanas, lo paré con un pequeño golpecito en su parte superior, me incorporé lentamente, salí de la cama  aun medio dormida y me dirigí al cuarto de baño, me lavé la cara e intenté poner orden en los rebeldes rizos que caían sobre mis hombros.
Cuando llegué a la cocina Mark y Bárbara habían preparado ya el desayuno y un exceso de felicidad se percibía en el ambiente.
-Ven Adri, hemos preparado tortitas.- Dijo Mark  acercándome un plato rebosante de ese suculento manjar.
-¿La has hecho tú?-. Pregunté asombrada mientras me servía.
-Sí, yo mismo.
Después de eso levanté la cabeza del plato y lo observé con una expresiva cara de asombro que no podría explicar, sí, es cierto, hacer unas simples tortitas no sería razón para levantar un monumento, pero en esta ocasión sí; Mark es de esas personas que detesta cocinar, siempre lo ha dicho y su fuerte afán por permanecer lejos de la cocina en la hora punta era algo que seguía a rajatabla.
-No me mires así Adri, hoy es un día especial, ¿no lo notas?-. Después de eso cogió suavemente a Bárbara por la cintura y se fundieron en un cálido beso. –Hoy hace exactamente  tres años que estamos juntos.
-Y… queremos que todo sea perfecto.- Añadió Bárbara con los ojos brillantes.- Así que, hoy, nos vamos los tres a cenar a un sitio que me han recomendado y después salimos a tomar un par de copas.
-Me parece bien, pero ahora, creo que sería mejor terminar de desayunar rápido si no queremos llegar tarde.- Después de que terminara la frase nos pusimos los tres rápidamente a terminar lo que había sido el primer contacto que Mark había tenido con la cocina.

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